Trump quiere acabar con la Vall d’Uixó

La vida en las calles de la Vall d’Uixó parece inmune al ruido de las grandes capitales. Pero esa tranquilidad no sólo depende de nosotros. Cuando afirmamos que «Trump quiere terminar con la Vall d’Uixó», hablamos de la amenaza directa de un modelo global basado en la confrontación, la guerra comercial y el extractivismo que, inevitablemente, asfixia a los pueblos.

La agenda internacional que lideran figuras como Donald Trump, y que replican los partidos que le apoyan aquí, apuesta por la tensión arancelaria, la negación de la emergencia climática y una dependencia voraz de los combustibles fósiles. Este modelo macroeconómico tiene un efecto devastador en comarcas como la nuestra.

¿Qué ocurre cuando las grandes potencias juegan en la guerra? Que los mercados energéticos y de materias primas se disparan. El agricultor de la Vall paga esta factura global cuando compra abonos a precios prohibitivos o llena el depósito del tractor. Las pequeñas empresas sufren la subida inasumible de la luz, y la inflación derivada de esta dependencia exterior vacía los bolsillos del vecindario. La inestabilidad internacional nos demuestra, mes a mes, lo vulnerables que somos cuando dependemos de recursos limitados y lejanos.

Ante esta fragilidad absoluta, surge un mantra vital e innegociable: es necesario habitar la Vall. No se trata sólo de vivir, sino de arraigarse, proteger nuestro entorno y construir un escudo de resiliencia económica y social. Esta defensa se erige sobre tres pilares.

En primer lugar, la sostenibilidad como seguridad. Defender un sistema verde y basado en las energías renovables, impulsando a las comunidades energéticas locales, es la mejor herramienta para desconectarnos de la dictadura y la volatilidad de los mercados fósiles.

En segundo lugar, la economía de proximidad. Frente a la globalización desbocada, el kilómetro cero. Consumir en el comercio local retiene la riqueza en nuestro municipio y teje redes de apoyo que nos protegen en tiempos de crisis.

En tercer lugar, el rescate del sector primario. La soberanía alimentaria es fundamental. Es necesario dignificar el campo, favorecer el relieve generacional y consumir lo que produce nuestra tierra. Un pueblo que puede alimentarse a sí mismo no es rehén de nadie.

Es necesario decidir. Con valentía y sin miedo. Por un lado, el modelo de la guerra, la especulación y agotamiento de recursos. Por otro lado, la apuesta firme por habitar la Vall. Defender la sostenibilidad, la proximidad y el sector primario ya no es sólo una opción; es la única vía para garantizar que, ante la amenaza exterior, nuestro pueblo siga siendo un lugar seguro.

Tú también construyes la Vall