La Vall d’Uixó que imaginamos es una ciudad más humana, verde, viva y pensada para las personas. Un lugar donde la calle vuelva a ser punto de encuentro, donde la cultura y el comercio dan vida a los barrios y donde nadie se sienta fuera de sitio. Un modelo de ciudad amable, cercana y con futuro, donde realmente dé gusto vivir.
La naturaleza es salud: nos refresca el aire y nos protege del aumento de temperaturas.
Plazas y calles llenas de vida para ser felices.
Queremos bancos donde poder charlar y rincones donde descansar.
Una ciudad en la que ocurren cosas es una ciudad que no muere.
Asegurar que cualquier persona sepa dónde está y hacia dónde va sin miedo a perderse.
Cuando la ciudad se diseña para las personas, moverse deja de ser un esfuerzo.
Vivir cerca de todo nos regala tiempo y ayuda a que nadie se sienta aislado en su barrio.
El arte no sólo debe estar en los museos, debe estar en nuestras calles.
Conocer nuestra historia nos ayuda a amar a nuestra ciudad.
Una ciudad llena de cariño es una ciudad segura donde nadie camina solo.
